Lección de No me asusto ante las dificultades 3

¿Conoces ya la ley de la cristalización? Sabrás entonces que si en un líquido saturado, en que diferentes materias diluidas y las moléculas están entremezcladas, ponemos un pequeño cristal, de éste aman una misteriosa fuerza de atracción, y lentamente va atrayendo todas las moléculas que tengan la misma naturaleza que el cristal. El cristal se hace cada vez mayor, y si nada estorba durante algunos meses, este lento proceso de cristalización, se convertirá en magnífico cristal el pequeño trozo allí colocado. Pero, nótalo bien: ¡Si en la cristalización no hubo estorbo! De lo contrario, si no existe la tranquilidad adecuada, se formarán unos cristales contrahechos.

   Un  proceso análogo tiene la cristalización del espíritu. Si los pensamientos de que saturas tu conciencia son siempre nobles, elevados, ideales, entonces éstos, como por una especie de afinidad química, irán levantando en el fondo de tu alma otros pensamientos semejantes; y si en los lustros de tu juventud prosigue en ti este estado, los buenos anhelos formarán un cristal voluminoso, que obstruya el camino a todo pensamiento extraño, y no permitirán que llegue a prevalecer una tendencia negativa.

   En el «líquido saturado» del alma humana van arremolinándose también las moléculas del mal moral. Hay jóvenes que durante los floridos años de su juventud pusieron estorbos con reiterados tropiezos en la cristalización tranquila de la bondad de su alma y por tal motivo estas jóvenes tendrán almas retorcidas, serán cristales contrahechos.

Texto de Monseñor Dr. Tihamér Tóth. El joven de carácter. Sociedad de Educación «Atenas», S.A.

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