Persecuciones y triunfo del Cristianismo

Los cristianos se negaron a dar culto a los dioses romanos como Júpiter, Juno y Minerva y adoraron a Jesús, verdadero Dios y hombre. También se negaron a dar culto al emperador, considerado como un dios. Los cristianos fueron declarados enemigos del género humano y lanzaron sobre ellos muchas calumnias y mentiras.

   Hubo diez emperadores que persiguieron cruelmente a los cristianos: Nerón, Domiciano, Trajano, Marco Aurelio, Septimio Severo, Maximino, Decio, Valeriano, Aureliano y Diocleciano. Muchos mártires cristianos murieron en el circo, donde eran destrozados por los leones. (Ver el Coliseo. Roma. Este anfiteatro estaba destinado a las luchas de fieras y gladiadores). Otros murieron en la cruz o apedreados o en la hoguera.

   Muchos creyentes se refugiaron en las catacumbas, lugares de enterramientos subterráneos, donde celebraban la Misa y las oraciones.

   Pero llegó el triunfo del Cristianismo. Las persecuciones no lograron detener el progreso de la doctrina cristiana entre gentes de todas las clases sociales. Tres siglos después del nacimiento de Jesús los cristianos tenían comunidades en todo el Imperio.

   El emperador Constantino proclamó la libertad de cultos en el Edicto de Milán (año 313 d. C.) y Teodosio, el gran emperador hispano, declaró el Cristianismo religión oficial.

Volver a: Civilización cristiana