Lección de Prendimiento de Jesús

Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los doce, acompañado de un gran gentío con espadas y palos,  enviados por los príncipes de los sacerdotes y ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta señal: Aquel a quien yo bese, ése es: prenderlo. Y al momento se acercó a Jesús y dijo:
– Salve, Rabí; y le besó.  Pero Jesús le dijo:
– Amigo ¡a lo que has venido! Entonces, acercándose echaron mano de Jesús y le prendieron.
Uno de los que estaban con Jesús sacó la espada e hirió al criado del Sumo Sacerdote cortándole la oreja. Entonces le dijo Jesús:
-Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que emplean espada a espada perecerán. ¿O piensas que no puedo recurrir a mi Padre y al instante pondría a mi disposición más de doce legiones de ángeles? ¿Cómo entonces se cumplirían las Escrituras, según las cuales tiene que suceder así?
En aquel momento dijo Jesús a las turbas:
¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y palos a prenderme? Todos los días me sentaba a enseñar en el Templo, y no me prendisteis. Todo esto sucedió para que se cumplieran las escrituras de los Profetas. Entonces todos los discípulos, abandonándole, huyeron. (Mateo 26, 47-56).


Judas emplea para llevar a cabo su traición una señal que, de por sí, indica amistad y confianza. El Señor, aun conociendo sus propósitos, le trata con gran delicadeza: le da una oportunidad para abrir su corazón y arrepentirse. La actitud del Señor nos enseña a respetar y tratar con caridad delicada incluso a quienes nos hacen mal.

(Pintura: Captura de Cristo. CARAVAGIO, Michelangelo Merisi. Galería Nacional de Irlanda. Dublín).

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