Lección de Presentación en el Templo

Duración: 10 minutos|Dificultad: Fácil

Presentación en el Templo

    Cuando Jesús tenía cuarenta días, María y José llevaron a Jesús al Templo de Jerusalén para presentarlo y darle gracias por el nacimiento.

   La ley de Moisés decía que todo varón primogénito sería consagrado al Señor y ofrecer en sacrificio, como todos los hebreos pobres, un par de tórtolas o dos pichones.

   Como Jesús era el hijo varón mayor  de la familia, José y María lo ofrecieron al Templo y para rescatarlo entregaron dos tórtolas.

El anciano Simeón

   Junto con ellos entró en el Templo un anciano muy bueno que se llamaba Simeón, a quien Dios había prometido que no moriría sin haber visto antes al Salvador.

   Cuando Simeón vio a Jesús lo reconoció al instante como el Salvador. Lo tomó en sus brazos y dijo: ¡Dios mío, ahora he visto con mis ojos al Salvador, ya puedo morir en paz! Este niño es la luz que iluminará al mundo y será la gloria del pueblo de Israel.

   Luego dijo a María que una espada traspasaría su alma, es decir, que sufriría mucho a causa de este niño.

La anciana Ana

   También vivía en Jerusalén una anciana llamada Ana que era muy santa y servía al Templo con sacrificios y oraciones.

   Había vivido casada con su marido siete años y había estado viuda hasta los ochenta y cuatro años.

   Cuando José, María y Jesús estaban en el Templo, Ana lo reconoció y alababa a Dios por verlo.

   Durante toda su vida hablaba de Jesús a todos los que esperaban al Salvador.

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