Lección de Recomendaciones educativas

El ejemplo y el ánimo

    Los niños observan e imitan a las personas que quieren y admiran, especialmente a los padres. Además perciben todas las palabras y acontecimientos del entorno aunque estén en sus juegos o en otras ocupaciones. Todo lo captan y aprenden de ello. Por eso, los padres educan o deseducan con su ejemplo.

   Además del ejemplo tiene un gran valor pedagógico: las acciones positivas de los mayores le confirman en su educación y le animan a seguir en esa dirección.

   El niño trata de llevar a la práctica la opinión que se tiene de él, tanto positiva como negativa y a no defraudar a las expectativas. Por eso es mejor animar y gratificar a lo que hace bien, que criticar y acusar de lo que hace mal.

Especialmente hay que animar y elogiar más el esfuerzo que ha puesto en su trabajo que el resultado obtenido. Por eso es poco educativo premiar las buenas calificaciones. (Pintura: Lección de música. FRAGONARD, Jean-Honoré. Museo de Louvre. París).

La autoridad

    No basta con que al niño se le quiera, se le anime y se le dé buen ejemplo. Hace falta que los padres ejerzan su autoridad y los chicos aprendan a obedecer. El niño necesita conocer la frontera entre la conducta positiva y negativa. Los padres y educadores han de señalizar claramente el bien del mal. Incluso los niños cuando juegan se marcan reglas que se comprometen a cumplir.

   No se puede educar sin ejercer la correcta autoridad, que no es autoritarismo, y exigir la obediencia de los pequeños desde el momento en que empiezan a entender lo que se les pide. Pero siempre es necesario explicar los motivos de las indicaciones dadas dejando claro lo que los niños deben hacer o evitar.

Pero a veces los padres no ejercen su autoridad y no saben bien si imponerse o abajarse a pactar y dejar hacer. A veces tienen miedo a perder el cariño de los hijos o a crear algún trauma en su personalidad. Pero la falta de autoridad crea hijos tiránicos, malcriados, habituados a sobresalir y a no obedecer cuando no tienen ganas.

   También el modo es importante: mejor que dar órdenes secas o malhumoradas, es preferible pedir las cosas por favor, con actitud serena y confiando en la obediencia. (Pintura: Barbero extrayendo un diente. OSTADE, A.J. Museo Rijks. Amsterdam).

Libertad y responsabilidad

   La tarea de los padres consiste en que los hijos descubran su libertad y aprendan a usarla correctamente. ¿Quién es auténticamente libre? El que hace el bien porque quiere hacerlo, por amor a lo bueno. Por otra parte, quien obra de forma incorrecta va perdiendo su libertad. Educar en la libertad es ayudar a distinguir lo que es bueno para la propia felicidad y para los demás y animar a realizar las elecciones sucesivas, siempre por amor.

   Una cosa es educar la libertad y otra consentir en todos los caprichos de los pequeños. Se malcría a los chicos cuando se les dan demasiados elogios y cuando se cede a los caprichos que piden. Por eso, frente a los caprichos de los niños no se debe ceder. En un primer momento se pueden enfadar pero habrá que esperar a que pase la pataleta y, manteniendo una actitud serena y firme, dar las razones de sus peticiones inadecuadas.

Es positivo conceder, con prudencia, cierta autonomía a los hijos pues esto contribuye a educarlos en la responsabilidad. Hay que ayudarles a que se pregunten el porqué de su comportamiento concreto. Esto les hará comprender su hay en sus intenciones algo de envidia, soberbia, injusticia, etc.

(Pintura: Un asalariado risueño con violonchelo y una copa. TERBRUGGEN, H. Colección Real. Windors).

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