Lección de Somos pecadores

El hombre nace con el pecado original, heredado de los primeros padres Adán y Eva.

   Además, a lo largo de la vida todos pecamos: ofendemos a Dios porque no cumplimos lo que Él nos pide; ofendemos también a nuestros hermanos los hombres y, con ello, ofendemos a Dios. El hombre tiene una gran necesidad del perdón de Dios.

2. Cristo perdonaba los pecados 

    Mientras Jesucristo estuvo en la tierra perdonaba los pecados a los que se arrepentían. En el Evangelio se destaca este poder de Cristo, que podía ejercerlo por ser verdadero Dios, además de hombre verdadero.

    «Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados» (Mateo 9,2), dice al paralítico. Y a la mujer pecadora, que se presenta en casa de Simón, le dice: «Tus pecados quedan perdonados» (Lucas 7,4).

Cristo entrega el poder de perdonar los pecados a la Iglesia

    Cuando en la tarde de la resurrección de Cristo da el Espíritu Santo a sus Apóstoles, les dio juntamente el poder de perdonar los pecados. «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (Juan 20,22-23). La Iglesia ejerce este poder sobre todo en el bautismo y la penitencia.

Hay un solo bautismo para el perdón de los pecados

    En el momento de la ascensión al cielo dijo Jesús a sus apóstoles: «Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado, se salvará; pero el que no crea, se condenará» (Marcos 16, 15-16). Cristo ha querido vincular el perdón de los pecados a la fe y al bautismo. El bautismo es el primer sacramento que perdona los pecados y los borra completamente, aunque no libre al hombre de la debilidad de su naturaleza ni de la concupiscencia.

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